22 abr. 2010

"EL AMBIENTALISMO DEBERÍA DEJAR DE SER ANTIMODERNO"


En el día de la tierra presentamos este diálogo inédito junto al filósofo especializado, Michael Zimmerman, quien propone una ecología integral: enfoque multidisciplinario y pragmático de los problemas ecológicos que intenta superar los dogmas ambientalistas y comprender las distintas perspectivas de cada caso: científicas, económicas, sociales, culturales... Entre realismo e idealismo, no olvida que el calentamiento global es ya irreversible, aunque cree que podemos transformar el enfoque utilitarista con respecto a la tierra, sumando más variables. La llave: reconciliar progreso con ecologismo.




Propone que humanidad y naturaleza dejen de confrontarse y anularse; en busca de una complementación. Superar tanto la explotación indiscriminada que trajo la modernidad capitalista como los ecofascismos del ambientalismo radical. Sustentado en la idea de que ambos parten de premisas equivocadas, o, al menos, insuficientes: la eternidad de los recursos, por un lado, y el nostálgico regreso a comunidades premodernas, por el otro.
Sabe de lo que habla: esta transformación es la que vivió él mismo en sus 61 años de vida; desde su juventud de ambientalista radical, que lo enfrentó con su padre, dueño de industria plástica, el crecimiento universitario junto a voces como las de Heidegger y Nietzche, hasta la actual publicación de Integral Ecology (el último de sus libros). “Se pueden lograr negociaciones, donde todos ganen: ambientalistas, industriales, residentes, intereses culturales, etc.”, dice, convencido y con ejemplos concretos. Aunque reconoce que en problemáticas como el cambio climático pareciera que ya estamos en una situación Titanic: “Vimos el iceberg demasiado tarde. Y nuestra estructura es tan inmensa que aunque doblemos con toda la fuerza, el choque es inevitable”.
Especialista en filosofía medioambiental, Michael Zimmerman, plantea una original visión de los problemas ecológicos en el siglo XXI, utilizando el modelo integral de Ken Wilber. Este es un diálogo realizado a principios de 2008, en su cálida oficina de la Universidad de Colorado, donde continúa su extensa carrera académica rodeado del crudo e imponente ecosistema de las Montañas Rocosas.

¿Cuáles son las principales diferencias entre el enfoque integral y la ecología clásica?
Por un lado, gran parte del ecologismo es completamente retro: odia la modernidad, la industria, el capitalismo; resalta el lado oscuro de la modernidad y la postmodernidad. Sé del tema porque yo era así. Y mientras lo planteemos de esa manera, olvidamos el costado progresista de la modernidad, relacionado con la emancipación de las perspectivas caducas medievales. Surge la búsqueda de igualdad de oportunidades, mejor calidad de vida, etc. La pregunta es cómo hacer para que el ecologismo pueda estar a favor de aquellos aspectos positivos. Para que deje de ser naturaleza vs humanidad, y sea naturaleza y humanidad. Cómo tener un mundo donde cuidemos a la vida del planeta y al mismo tiempo ayudemos a erradicar la pobreza y la carencia de salud. Hay un libro, Break Through: From the Death of Environmentalism to the Politics of Possibility, que habla de esto. Su argumento es que habría que superar la postura antimoderna de los ecologistas, reidentificarse con la perspectiva progresista, y replantear el desarrollo humano integrando el cuidado del planeta. Entender que el desarrollo depende de eso; porque si arruinamos la biosfera no existirá siquiera la posibilidad de progreso. La cuestión es buscar la reconciliación del progreso con el ecologismo. Básicamente, a eso apunta la ecología integral.

En la práctica usted mencionó varias veces las limitaciones del enfoque cientificista, que se usa generalmente frente a los problemas ambientales...
Sí, por lo general estos problemas se observan sólo a través de la dimensión de la ciencia ambiental: hay lluvia ácida o demasiado dióxido de carbono. Sobran las descripciones y la información. Pero esta información no motiva a la persona común. El caso del cambio climático es un buen ejemplo. ¿Qué es lo que está faltando para que la gente se mueva? Ahí es donde importa el enfoque integral, con sus cuadrantes. Hay que estudiar y hablar de estos fenómenos desde varios puntos de vista: científicos, estéticos, religiosos, culturales, filosóficos, económicos, políticos, sociales. Se necesita formar un equipo de expertos de las diferentes dimensiones. Para describir el problema desde sus distintas áreas y luego debatir acerca de cómo presentarselo a la audiencia; incluso, las recomendaciones acerca de las resoluciones políticas y económicas. Tener en cuenta también el marco de valores cultural y religioso de la situación específica. Todo esto implica dinero, tiempo y mucho esfuerzo. La alternativa es al menos ser concientes de las perspectivas que faltan. De lo contrario pueden surgir sorpresas indeseadas. Con el modelo integral podés comprender esto e ir cubriendo las carencias a medida que sea posible. La ciencia postnormal es algo que también surge en este contexto.

¿Puede explicar qué es la ciencia postnormal y su relación con los problemas ambientales?
Se refiere a una condición de aplicación científica: el estudio de algo urgente, importante, con pocos recursos, donde hay varios observadores e interesados en el proceso, que critican y cuestionan. Por ejemplo, un problema de contaminación. Exige una metodología menos rígida; no es una ciencia de laboratorio sino en vivo, y es común que se tenga que rendir cuentas a entes públicos. Con políticos, ministros y curas diciéndote “ustedes están matando a gente inocente…”. Eso es ciencia postnormal. Es durísimo. El modo de enfrentar estas situaciones es aplicando el modelo integral. Porque toma en consideración todas esas perspectivas para tener una idea del problema. No es solamente una cuestión técnica de contaminación: ¿cómo reacciona la gente? ¿Cuáles son los miedos? ¿Las preocupaciones? Todos interrogantes que deben ser incluidos en la investigación. Varios estudios demuestran que tienen mejores resultados los proyectos que consideran a cada uno de los interesados en el problema. Cuanto más perciban que son escuchados, más estarán dispuestos a comprar, integrarse, comprometerse y ayudar a que suceda.

¿Existe algún ejemplo de aplicación integral, multidisciplinaria, a un problema ecológico?
Empezamos el libro de ecología integral con un caso sobre un bosque inmenso en British Columbia, diez años atrás. Las compañías madereras simplemente querían talarlo completamente. En la otra vereda estaban los activistas verdes. Y cada uno de estos dos grupos acusaba al otro: “madereros malvados”, “ecologistas locos”. No había diálogo. Sin embargo, había un grupo de ambientalistas que, a pesar de no haber conocido el modelo de Ken Wilber, aplicaba un enfoque integral. Lo que hicieron fue abrir el diálogo con los madereros y con la gente que trabajaba en la industria, con los nativos americanos, los ciudadanos de las grandes ciudades, los políticos; también se preocuparon del aspecto económico. Se contactaron con grandes compañías como Home Depot. Consiguieron difundir el asunto a través de la prensa. Presionaron a Home Depot y a otras empresas para que no compraran madera talada de áreas protegidas. Todo esto implicó un giro en la conversación. Es que estos ambientalistas estaban realmente considerando el bienestar de todos los involucrados. No querían que alguien fuera excluído por el bien del bosque o viceversa.

De todos modos, este tipo de resoluciones se complican al pensar en los otros espacios que aquellas compañías deforestarán para suplir la carencia.
En realidad, lo bueno del proyecto fue que hubo un programa de tala selectiva: luego de las distintas consideraciones se especificaron zonas completamente protegidas, otras limitados y otras libres.

¿Cuál es el error más común en este tipo de conflictos?
Dar por hecho que todo está relacionado con los incentivos económicos. Pero no todo puede entenderse en términos económicos. Por ejemplo, hay espacios naturales que para algunos países son patrimonio nacional. En ese caso no podemos simplemente decir “talemos toda la selva” porque es económicamente conveniente para todos. Se está excluyendo el valor que ese fenómeno natural tiene para la gente. Es parte de su expresión, su historia y tradición; no tiene precio. En aquellos casos hay que debatir. Igualmente todo esto reafirma lo poderosa que es la perspectiva económica, y la de los mercados. Pero, evidentemente, no pueden hacer todo el trabajo solas. Al considerar otras visiones todo se vuelve más complicado, pero a la larga termina dando mejores resultados. Saber esto no significa que uno podrá mover la poderosa estructura político económica. Sin embargo, hacerlo notar llevará a que sepamos que existen mejores resoluciones, en las que ganan todos; y, quizá, en el futuro habrá más voluntad para tomar otro tipo de decisiones.

Según el punto de vista integral, el problema está en que se necesita elevar el nivel de conciencia de la población mundial para lograr este tipo de cambios, ecológicos en este caso particular.
En parte. Se necesita especialmente que los líderes tengan alguna idea.

Tomando estos supuestos, la pregunta es si todavía estaremos a tiempo cuando haya un porcentaje significativo de la población mundial en niveles integrales (hoy sería del 5%).
Más importante que tener un grupo de gente en estadios integrales, es lograr que la mayoría de la población mundial llegue a la modernidad; donde hay constitución, leyes, transparencia, mercado, libertad de expresión. Donde la gente sabe qué sucede. Y si hay leyes contra la destrucción medioambiental, tendrán que ser reforzadas. Incluso, una sociedad moderna entiende mejor qué es un problema ambiental que sociedades premodernas; a través de la ciencia y la economía. Por otra parte, los verdes (el estadio “pluralista”, que viene después del moderno-racional, según la teoría integral) son los que buscan que lo moderno interactúe con otras dimensiones. Por ejemplo, tanto verdes como integrales, intentan encontrar incentivos económicos para que la gente que responde más que nada a eso, el “hombre moderno”, quiera desarrollar energía limpia. Sin embargo, tenés razón en decir que el tiempo es un problema; pero veremos cómo resultan las cosas. Tampoco hay garantía de que lo que estamos hablando funcionará.

¿Cuál es el problema ecológico más grave hoy?
Supongo que el calentamiento global. Pero el problema es tan abstracto que es difícil comprometerse: los resultados se verán dentro de cincuenta, cien años. La gente está criando a sus hijos, trabajando a diario; su preocupación es pagar las cuentas mensuales. Cuando se menciona el calentamiento global, bueno, a muchos les preocupa, pero es tan complicado. La pregunta es cómo se entiende, cómo encararlo. Cómo hacer que se comprometan tanto argentinos, como estadounidenses y chinos, cuyas visiones del problema son completamente diferentes.

¿Cuál es el análisis que hace la ecología integral del calentamiento global?
Estaría bien preguntarnos por qué nos gusta tanto la energía. Es que nos gustan las casas con calefacción, amamos la electricidad, y los autos. Son cosas tan convenientes, confortables; lo que permiten los combustibles fósiles es maravilloso. Obviamente también está la otra cara: su contaminación. Pero a la gente le encanta la otra parte, y es por eso que pasamos de consumir madera a carbón a petróleo. Y ahora buscamos energía alternativa. Todo porque nos gusta lo que la energía nos permite. El problema es que hace treinta años que se viene hablando del dióxido de carbono y recién ahora estamos haciendo clic. Y es como el Titanic. Vimos el iceberg demasiado tarde. Y nuestra estructura es tan inmensa que aunque doblemos con toda la fuerza, el choque es inevitable. Tenemos esta inmensa economía mundial basada en combustibles fósiles; la inercia es gigante.

Alguna vez usted escribió acerca de la necesidad de seguir el ejemplo de las culturas indígenas en su relación con la naturaleza pero evitando caer en una regresión a la perspectiva premoderna, como han hecho varios ecologistas. Puede explicarlo.
Me refiero a la cualidad de algunos indígenas de experimentar una relación emocional profunda con las plantas y los animales, a través de la cual aprecian la vida, la belleza y la complejidad de esos seres. Para ellos no son sólo recursos. Y es mucho más difícil cortar un árbol cuando realmente aprecias lo que es: un organismo complejo, con cierto grado de conciencia. No significa que dejes de cortar árboles, pero será una acción que reconozca el costo y el sacrificio. Nuestras prácticas cambiarían. El hecho de reincorporar este valor, este reconocimiento de la naturaleza, y reelaborarlo sin generar una regresión, sería justamente un signo de progreso. Una expansión de nuestra conciencia a más seres, del desarrollo y la compasión. No se trataría de hablar de una magia primitiva de las plantas, sino de entender que están vivas y contienen intereses y necesidades. Entonces, ¿cómo responder a ellos? Repensaremos un modo de seguir progresando que minimice la destrucción del mundo natural. La ecología integral está a favor de inventores que generen nuevos modos de producir. Tal vez lo hagan sólo por dinero. Bueno, si hacen una contribución no me importa el motivo.

Muchos hablan de estas renovaciones tecnoeconómicas verdes, pero ¿la estructura económica concreta está cambiando de modo significativo?
Bueno de alguna manera… hay un libro, , que habla acerca de grandes multinacionales que están transformándose. Dupont, Toyota, Sony y muchas más. Están encontrando el rédito en el hecho de ser más “verdes”. A través de esa perspectiva logran observar que están derrochando recursos. Resuelven que harían más dinero siendo verdes: eficientes, incontaminantes, ahorro de energía, menos packaging. Sería también una especie de progreso de la industria. Obviamente muchas empresas todavía tienen la vieja estructura, pero hay que ser concientes de que entre 1970 y hoy las mejoras en este campo son muy grandes. Hoy no podés tener una industria que envenena el aire y el agua, al menos en EEUU. Aparte ahora tenemos información, y también los empresarios leen los diarios, ellos saben lo que está pasando; también tienen hijos que les recuerdan la importancia del futuro. Entonces, a veces hay transformaciones con un incentivo económico, pero otras veces tampoco es necesario. No soy ni optimista ni pesimista. Simplemente: hagamos lo mejor que podamos y veremos qué sucede. Hace treinta años yo era terriblemente pesimista: pensaba que para hoy estaríamos en llamas. Y aunque no estamos perfectos no estamos tan mal. Siempre tendremos problemas por superar.

¿Qué piensa acerca del inmenso crecimiento demográfico?
La solución de la que se habla es actitudinal: está demostrado que cuando la gente tiene más dinero y bienestar, tiene menos hijos. En general, las tasas de natalidad muy altas son las de los países pobres, donde los padres no tienen seguridad social y sólo tienen a sus hijos para cuidarlos. Igualmente el hecho de tener muchos hijos también proviene de matrices culturales patriarcales. Entonces, con el progreso económico, educativo y de igualdad de género seremos más equilibrados. Por otra parte, la paradoja es que hay países que están envenjeciendo, como Japón y algunos europeos. Todo es muy complicado, pero de algún modo nos arreglaremos. No vivimos en el paraiso, y siempre será así. Y creo que la búsqueda de la sociedad perfecta es siempre peligroso: sea una Jerusalen terrenal o el paraiso de los trabajadores. Para lograr la perfección hay que destruir la diferencia, la pureza tiene un alto precio.

Está el dicho: “perfecto significa pervertido” (N.T.: perfect means pervert)…
Supongo que es cierto. Y en esa trampa caen muchos verdes pluralistas. Y en el intento de encontrar la perfección tienen una concepción naif de la naturaleza. Ahí todo está comiéndose entre sí; es una carnicería. Una tortuga pone miles de huevos y tal vez podrá traer sólo dos tortugas al mundo. En ese sentido la naturaleza no es nada bonita. Y también contiene mucha destrucción. Entonces, dejemos de buscar la perfección. Concetrémonos en encontrar modos de convivencia con otras formas de vida, donde pueda haber cierta prosperidad para todo. Y aún así, no siempre será armónico.


Texto y traducción: Gaspar Segafredo

Entrevista: Gaspar Segafredo y Dora Vidoni

4 comentarios:

  1. Muy buena nota, creo que hace falta mucho mas pensamiento "del medio".
    Me parece genial la analogia del Titanic, no podria ser mas precisa.
    Tambien creo que la dicotomia hippie vs progreso esta exagerada y ridiculzada, ya que hay ecologistas, arquitectos y pensadores que proponen y viven entre esas dos impracticas extremidades.
    La tendencia en ciudades como Singapur es la rurbanizacion. Integrar areas urbanas con areas rurales en forma de corredores verdes para economizar energia y recursos.

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  2. Voy a chequear lo de Singapur... (tenés alguna página para recomendar?)
    En cuanto a las dicotomías, en general siempre resultan exageradas.

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  3. Gracias por el reportaje y el link a edgar morin. Los problemas ambientales siempre son complejos, y hace falta una estrategia que integre diversas lecturas. La teoría de los cuadrantes puede ser un buen paso.
    Un abrazo

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  4. Rubanisation
    http://www.flickr.com/photos/43056767@N04/sets/72157622360653875/show/

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